Es una experiencia inmersiva. Solo deslizá para avanzar.
Una investigación periodística basada en jóvenes de 20-35 años que viven en el AMBA pospandemia
Hay deseos que se piden. Hay deseos que se construyen. Hay deseos que aparecen sin aviso. Y otros que tardan años en encontrar un nombre.
Hay deseos que nos empujan. Hay deseos que nos inquietan. Hay deseos que nos transforman.
No siempre deseamos lo que necesitamos, ni necesitamos lo que deseamos.
“El deseo es una manifestación de esa voluntad infinita”
Filósofo alemánPara Freud, el deseo está ligado a la libido, la sexualidad y las pulsiones.
“El deseo es lo que queda insatisfecho incluso después de obtener lo pedido”
“El deseo vive precisamente porque falta algo”
Psiquiatra y psicoanalista francésDeseamos a partir del otro. El lenguaje también organiza el deseo. Amor, deseo y goce no son lo mismo. El objeto que deseamos nunca coincide por completo con aquello que buscamos.
“El deseo es un vacío ávido de contenido, un vacío que quiere ser llenado por lo que está lleno”
Filósofo francés“El deseo representa la libertad y la individualidad de cada persona única… esa fuerza vital está atravesada por factores históricos, sociales, económicos, políticos y culturales; no existe un deseo puro”
Filósofa y escritora argentinaMás allá de las teorías, cada historia encuentra su propia definición.
Pero el deseo nunca existe aislado. Vivimos entre otros. Porque desear también es habitar un mundo compartido. Y cuando esos deseos se encuentran con otros, aparecen nuevas preguntas. Vivimos en sociedad. Nos vinculamos. Nos encontramos. El deseo nos mueve. Los vínculos trazan la dirección.
Todos creemos saber qué es, hasta que intentamos ponerlo en palabras.
Capaz pensás que es simplemente tener ganas. Es bastante más que eso.
“El deseo sexual es un estado de disponibilidad hacia lo erótico que es subjetivo y cambiante”
Fuente: Deseo. Entender y transformar nuestro gran motor sexual (2024).Subjetivo porque NADIE desea igual. Cambiante porque tampoco deseamos igual toda la vida.
“Me gusta pensarlo como ese espacio físico mental vacante que tenemos para conectar y llenarlo de erotismo”
Fuente: Deseo. Entender y transformar nuestro gran motor sexual (2024).A veces empieza mucho antes del encuentro. Con una fantasía, una mirada, un mensaje. Con una idea que no se va de la cabeza.
“Desde la sexología podemos pensar al deseo sexual como la presencia de fantasías y pensamientos eróticos, y como la motivación o receptividad hacia la actividad sexual”
Fuente: Deseo. Entender y transformar nuestro gran motor sexual (2024).Pero el deseo sexual no pasa solo por el cuerpo.
Para transitar este mapa infinito trazamos un recorrido por 4 barrios
Casi 3 de cada 10 argentinos están en tratamiento psicológico. Entre los que no van a terapia, 1 de cada 2 cree que la necesita
Fuente: Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA-UBA, 2025).
Fuente: Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA-UBA, 2025).
Estrés: el cuerpo responde a lo que está pasando.
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Ansiedad: la mente se adelanta a lo que podría pasar.

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En las mujeres, el deseo muchas veces disminuye a causa de dos planos: el biológico, marcado por anticonceptivos que bajan la libido, y el social, atravesado por la presión de las redes sociales que siembran inseguridad con el propio cuerpo y suele derivar en trastornos alimentarios (TCA).
Argentina es el segundo país del mundo con la tasa más alta de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) después de Japón
Fuente: Instituto de Psiquiatría de King's College, Londres, 2022.
Un estudio de 2024 reveló que el 99% de las mujeres jóvenes con disfunción sexual presentaba una fuerte insatisfacción con su imagen corporal
Fuente: Araneda F, Madelin et al. (2024).
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Las pantallas forman parte de la vida cotidiana. A través de ellas se conocen personas, se construyen vínculos, se consumen contenidos y también se moldean ideas sobre el cuerpo, la intimidad y el deseo sexual.
Pero ¿hasta qué punto ese entorno influye en la forma de desear? las infinitas opciones ¿facilitan o dificultan elegir? ¿Qué lugar ocupan los algoritmos en lo que vemos, deseamos o descartamos? ¿Cómo impactan las redes sociales en la percepción del propio cuerpo? ¿Qué sucede cuando la inteligencia artificial empieza a ocupar espacios de compañía?
Son preguntas sin respuestas únicas. Sin demonizar la tecnología, veamos cómo puede influir en la forma de desear y entender qué lugar queda para el encuentro con un otro.
El 56% atravesó una experiencia negativa por la exposición del cuerpo en internet
Fuente: Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de UADE (2025).
El 56% de los encuestados usó apps de citas
Fuente: Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de UADE (2025).

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Eva Illouz — “La tecnología y las emociones se coproducen mutuamente” / Tecnologías de los sentimientos (2026)
Los emojis nacieron para decir poco —un corazón, un pulgar arriba— y hoy son un idioma propio: “tienden un puente sobre el abismo de cinco mil años que separa el lenguaje escrito de la comunicación oral”. Cada día se envían 5.000 millones de emojis en el mundo. Los GIFs y los stickers ampliaron ese vocabulario emotivo hasta hacerlo casi infinito.
Ese idioma también sabe romper: un 32% de la generación Z terminó una relación usando un emoji, y casi la mitad de los millennials (47%) prefiere mandar un mensaje antes que decir las cosas en voz alta.
En los videojuegos esa misma lógica emocional se vuelve cuerpo: el avatar no es un disfraz, es una identificación que empuja a imitar lo que ese personaje siente y hace. Y ahí aparece la otra cara: lo que el avatar permite adentro de la pantalla, muchas veces, es lo que el yo “real” nunca se animaría a hacer afuera. La distancia entre una cara y un avatar es también la distancia entre un acto y su consecuencia.

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La tecnología no solo cambió la forma de relacionarnos, también transformó la manera en que buscamos validación y percibimos nuestra realidad. Cada notificación activa pequeñas recompensas que nos invitan a volver una y otra vez.
En ese escenario, los “influencers”, la cultura wellness y las vidas aparentemente perfectas convierten el bienestar en un ideal estético inalcanzable, mientras la seducción se reduce a gestos mínimos administrados. La pantalla deja de ser solo un medio para conectar con otros y pasa a moldear qué deseamos, cómo nos mostramos y cuánto valor creemos tener.


Fuente: Informe “Sexualidad Digital”, CIS-UADE (2025).
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Un mensaje, un match o un “me gusta” no son sinónimos de conocer a alguien. Sin embargo, distintos especialistas advierten que esa cercanía muchas veces es solo una ilusión.
¿Pero es realmente una ilusión? Para algunas personas los espacios digitales pueden convertirse en la puerta de entrada a amistades, comunidades y vínculos que quizás no hubiesen sido posible fuera de la pantalla. La pregunta entonces no es si la tecnología conecta o desconecta, sino en qué condiciones logra transformar el contacto digital en un encuentro real.
Cuando la realidad vincular y material no alcanzan, la tecnología es una de las pocas vías de escape posibles.
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Llegar a fin de mes no es solo una cuenta matemática. Entre el pluriempleo, la inflación y la cultura de la autoexigencia, el tiempo libre dejó de ser un espacio de ocio para convertirse en un territorio en tensión.
¿Qué pasa con el deseo cuando la energía física y mental se agota en la supervivencia cotidiana?
Exploremos cómo el contexto económico y laboral moldea nuestras ganas, cierra billeteras y repliega los encuentros al confort del hogar.
El 50% de las personas que reconocen necesitar atención psicológica no pueden acceder a terapia por motivos económicos
Fuente: Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA-UBA, 2025).
Para casi el 60% de los argentinos, la crisis económica es hoy su mayor problema vital, por encima de conflictos vinculares o duelos
Fuente: Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA-UBA, 2025).

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Tener una cita hoy implica, casi inevitablemente, un gasto. Y en un contexto de mucho trabajo y poca plata, tomar un café, ir a cenar o pagar una entrada deja de ser un detalle para convertirse en un filtro socioeconómico. En un escenario de consumo retraído, la imposibilidad de afrontar el costo de una salida opera como un freno incluso antes del encuentro: si verse requiere un presupuesto que no se tiene, las ganas suelen desactivarse antes del primer mensaje.
Frente a la creciente privatización del ocio, el espacio público deja de funcionar como un lugar de seducción accesible y espontáneo. En los meses fríos, cuando las opciones gratuitas al aire libre se reducen, encontrarse se vuelve todavía más difícil.
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Las condiciones materiales no son solo un escenario de fondo: moldean la disponibilidad erótica. Cuando el salario no alcanza y la jornada se multiplica, el deseo pierde lugar.
El desafío contemporáneo no es solo reencontrarlo, sino reconstruir las condiciones materiales y temporales que hacen posible el encuentro con el otro.
Quizás el desafío de esta época sea dejar de correr permanentemente detrás de esa zanahoria que, en muchos casos, ni siquiera necesitamos.
Los jóvenes son el grupo etario que más soledad reporta en el mundo: entre el 17% y el 21% de las personas de 13 a 29 años dice sentirse sola
Fuente: OMS, 2022.
En 2005 los jóvenes adultos pasaban en promedio 12 horas semanales con sus amistades. En 2024 el tiempo se redujo a solo 5 horas semanales
Fuente: Institute for Family Studies (2025).

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Los cambios impulsados por el movimiento feminista redefinieron las formas de entender el consentimiento, el deseo y los vínculos. Tamara Tenenbaum señala que la posibilidad de decir “no” sin culpa representa una conquista feminista, no una expresión de puritanismo. Sin embargo, esos cambios no fueron vividos de la misma manera por todos.
Mientras una parte de las nuevas generaciones incorporó estas conversaciones como parte de su educación afectiva y sexual, muchos varones atravesaron ese proceso con incertidumbre. “Los feminismos nos dejaron en un lugar incómodo”, sostiene Nicolás Pontacuarto, del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, al describir el temor que algunos varones expresan frente a los escraches, las cancelaciones o las denuncias. Esa incomodidad también abrió nuevas preguntas: ¿cómo expresar el deseo?, ¿cómo acercarse al otro sin invadir?, ¿cómo construir vínculos en un escenario donde las reglas cambiaron?
Pero la incomodidad no fue solo pérdida. Ese mismo contexto habilitó a muchos varones a habitar masculinidades más vulnerables e introspectivas, a preguntarse cómo desean y cómo se vinculan, del mismo modo en que el feminismo amplió el margen de las mujeres. No le sucede a todos de la misma forma, pero algo se corrió. Y entonces cabe preguntarse: que las masculinidades se incomoden, ¿es un problema? ¿O es, justamente, lo que hay que cuestionar para construir desde un lugar menos violento, menos binario y menos patriarcal?
Las respuestas no fueron iguales para todos. Mientras algunos comenzaron a revisar sus prácticas, otros encontraron refugio en discursos que reivindican viejos modelos de género. La socióloga Eva Illouz advierte sobre el crecimiento de comunidades como los incels o las tradwives, que reaccionan frente a estas transformaciones desde posiciones opuestas, pero compartiendo una misma nostalgia por los roles tradicionales.
En Argentina la grieta política también es de género: mujeres y disidencias votan más progresista, varones votan más conservador: una brecha de más de 19 puntos entre varones y mujeres
Fuente: Consultora Zuban Córdoba & Asociados (en elDiarioAR).

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Esa violencia que se hace carne también tiene una versión digital, y golpea más fuerte a quienes se corren de la norma. El 69% de las personas trans y no binarias, y el 56% de las personas LGBTQI+, reportaron haber vivido violencia digital de género. En el total de la población, esa cifra baja al 40%.
No es casual. Como señala el informe Silencios Digitales (DataGénero, 2026), enfrentan mayores niveles de violencia digital “por las violencias específicas dirigidas contra sus identidades de género y orientaciones sexuales”. Por eso, cuando hablamos de la crisis vincular en las disidencias, muchas veces no hablamos de una falta de deseo, sino de una falta de seguridad. El deseo está; lo que falta es un lugar donde ejercerlo sin miedo.
Hay un ritual que repetimos desde que somos chicos. Cerramos los ojos por un instante y pedimos un deseo antes de apagar las velitas.
Al principio los deseos eran simples. Un juguete, una bicicleta, una mascota, aprobar un examen o que llegara rápido el próximo cumpleaños. Con el tiempo dejaron de ser cosas y empezaron a parecerse más a nosotros. Empezamos a pedir salud para quienes queremos, un trabajo que nos haga felices, tranquilidad, tiempo, alguien con quien compartir la vida o, simplemente, volver a sentirnos bien.
Quizás nunca dejamos de desear. Lo único que cambió fue aquello que aprendimos a pedir.
Durante esta investigación nos preguntamos muchas veces si el deseo estaba desapareciendo. Pero cada historia, cada entrevista y cada testimonio nos devolvía la misma certeza: detrás de cada persona seguía existiendo un anhelo. A veces tenía forma de abrazo. Otras veces de libertad. De compañía. De paz. De un futuro posible.
Porque el deseo no siempre habla de sexo. También habla de proyectos, de vínculos, de cuerpos, de tiempo compartido y de todo aquello que todavía imaginamos aunque no lo tengamos. Tal vez por eso seguimos cerrando los ojos antes de soplar las velas. Porque, incluso cuando cambia el mundo, siempre hay algo que deseamos en silencio.
A veces cambia el lenguaje antes que las personas. Otras veces cambian las personas y todavía no encontramos las palabras para contarlo. Quizás ponerle nombre a una época sea el primer paso para imaginar la siguiente.
Toda generación aprende a vincularse con las herramientas de su tiempo. No heredamos un mapa terminado. Nos toca dibujarlo mientras avanzamos. No buscamos respuestas definitivas. Buscamos mejores preguntas y formas de nombrar.

/ uniendo puntos del mapa
Desde el comienzo supimos que era imposible hablar del deseo en términos absolutos. No existe una única forma de vincularse, ni una realidad que represente a todas las personas. Por eso decidimos hacer un recorte concreto: jóvenes de clase media de entre 20 y 35 años que viven en el AMBA, entre 2020 y 2026. Elegimos esta generación porque es la que atravesó, casi al mismo tiempo, algunos de los cambios más profundos de las últimas décadas. Son quienes crecieron junto al desarrollo de las redes sociales y las aplicaciones de citas; quienes construyeron su vida sexoafectiva mientras se discutían públicamente el consentimiento, las nuevas masculinidades y los derechos de las mujeres; quienes atravesaron una pandemia en una etapa fundamental para la construcción de vínculos; y quienes hoy enfrentan un escenario marcado por la incertidumbre económica, la transformación tecnológica y una nueva forma de relacionarse con los demás.
También elegimos el AMBA. No porque creamos que represente a toda la Argentina, sino porque concentra muchas de las dinámicas propias de la vida urbana y porque gran parte de las investigaciones disponibles sobre vínculos, tecnología y sexualidad parten de contextos similares. Además, fue el territorio que nos permitió realizar entrevistas, relevamientos y observar de cerca estas transformaciones.
Este trabajo tampoco pretende ofrecer un diagnóstico definitivo sobre una supuesta “crisis del deseo” en Argentina. De hecho, durante la investigación advertimos que no existen estudios nacionales que permitan afirmarlo de manera concluyente. Lo que presentamos es una fotografía situada: un intento por comprender cómo se viven hoy los vínculos, el deseo y la intimidad en un tiempo, un territorio y una generación determinados. Como todo mapa, este tiene límites. Pero también una intención: ofrecer un punto de partida para seguir haciendo preguntas sobre un territorio que todavía se está transformando.
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A quienes nos orientaron en la preproducción y accedieron a ser entrevistados: María Florencia Alcaraz, María Carman, Joan Cwaik, Matías González, Joaquín Guevara, Agustina Lombardo, Ignacio Rodríguez, Mauro Salvatore y Julia Varela (directora docente del proyecto).
Y a las más de 45 personas que nos dieron su testimonio anónimo para ponerle voz en primera persona a este recorrido.
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